domingo, 19 de abril de 2015

Demóstenes.

A Demóstenes se le ha considerado, junto con Cicerón y Hitler, uno de los mejores oradores de toda la Historia de la Humanidad. Esto es discutible y cada cual tiene sus favoritos.
El esfuerzo de Demóstenes considerado como el mejor representante griego del arte de la elocuencia. Pero su capacidad no fue fruto solo de la naturaleza, sino también del esfuerzo por la superación…
Según cuentan las tradiciones, Demóstenes era un tartajas de mucho cuidado, pero , lejos de amilanarse, empezó a trabajar seriamente en mejorar su dicción y subía y bajaba cuestas mientra trabajaba sus discursos. Ademas se ponia pequeñas piedrecitas en la boca para mejorar su dicción.
Pero ademas su voz sonaba aguda y molesta. Esquines (otro orador ateniense y enemigo acérrimo de Demóstenes) se burlaba de sus dificultades y se refería a él con el apodo despectivo de “Bátalo”, mote que significaba “martillador”. Además de éstos inconvenientes, en sus primeras intervenciones públicas también se le criticó el estilo duro y desagradable de sus frases.
Demóstenes llevó adelante un programa muy riguroso: para mejorar el timbre y
la potencia de su voz, a diario iba por la orilla del mar y le gritaba al sol para que su voz sonara más fuerte que las olas.
Pero su trabajo también atendió a la elaboración de los discursos. Era un histriónico de mucho cuidado. Y hacía trémolos, cambios de tono, movimientos melodramáticos, suspiros, llantos y todo un amplio historial de trucos escénicos para potenciar su Oratoria.
Dedicaba largas horas a redactar las alocucciones, informándose en detalle del asunto que debía tratar y buscando las argumentaciones más precisas y contundentes que pudieran surtir efecto en el auditorio.
A menudo se recluía en una caverna, afeitándose media cara para no ceder a la tentación de salir.
Nada de él era espontáneo. La preparación y el trabajo ardúo fueron la base de sus éxitos.

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